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Partamos de que nuestra única herramienta es una cámara y nada más. Las cosas no empiezan bien. Son pocos los que disponen
de un flash externo, y menos aún los que disponen de flashes de estudio. Lo mejor, en estos casos, es buscar un escenario
bien iluminado, con ciertos elementos que permitan realizar tomas diferentes las unas de las otras. El recurso fácil será,
entonces, rellenar sombras con el flash integrado.
Buscando el lugar
Un
parque, por ejemplo, es un buen escenario. Los fotógrafos de bodas los suelen utilizar como escenario en sus reportajes. Es
fácilmente localizable un lugar bastante solitario en el que poder trabajar: hay bancos, árboles, columpios incluso, que permiten
hacer juegos compositivos y facilitan la libertad creativa del fotógrafo. Hay otros muchos escenarios tan válidos como este,
pero todo dependerá de las ganas que tengamos de buscar y de la predisposición del modelo a seguirnos. En suma, la situación
propicia es aquella en la que no hay gente merodeando a nuestro alrededor y en la que gozamos de libertad de movimiento para
desarrollar nuestras dotes creativas.
Una vez localizado un buen escenario, el
resto consiste en jugar con la composición y la naturalidad del modelo. La luz, probablemente, no podamos modificarla (recordemos
que no contamos con el equipo adecuado) de modo que, para dar más variedad al asunto, podemos intercalar fotos con y sin flash.
Del mismo modo, explotaremos todas las posibilidades que nos dé nuestra máquina en lo referente a encuadres, focales y puntos
de vista. |